Orden Libanesa Maronita

Orden Libanesa Maronita (1695 – 1998)

Promotora de la Devoción a San Charbel
Es de vital importancia, hacer constar que a partir del año de 1960, la comunidad maronita de México, debe su dirección espiritual, la conservación de sus tradiciones (el rito Siriaco Antioqueño) y la unidad propia de la comunidad, a los Padres de la Orden Libanesa Maronita. Religiosos libaneses que han demostrado a lo largo de casi 40 años, gran celo en su labor pastoral y ayuda incondicional a los maronitas mexicanos.
La historia de esta Orden Religiosa se remonta al año de 1695, en que tres jóvenes oriundos de Alepo, se reunieron para dar un giro importantísimo a la vida monástica de Líbano, fundando una nueva Orden Religiosa. Tomaron el hábito monacal de manos del Patriarca Estefan Duwaihi (en aquella época, la toma de habito incluía la profesión de los votos de pobreza, castidad, y obediencia, y la consagración total y definitiva a Dios).
El primer nombre de la Congregación fue el Orden Alepina Maronita, pero el año de 1706 fue cambiado por el de Orden Libanesa Maronita, en honor del país donde se había fundado.
Los tres religiosos decidieron seguir, de común acuerdo, la Regla de San Antonio el Grande, Padre del Monacato, imponiéndose tres finalidades básicas:
Logo de la Orden Libanesa Maronita
1° Volver a las fuentes originales, es decir, a los Santos Padres, especialmente a Basilio el Grande, el Venerable Juan Clímaco, y el ilustre Efrén el Sirio, todos ellos seguidores de los ideales de ascetismo y vida contemplativa de San Antonio el Grande.
2° Conservar en toda su pureza la vida religiosa de los conventos de Líbano, hasta ese momento independientes unos de otros.
3° Dar al Instituto Religioso una organización, a la manera del monacato occidental, centralizada y en base a una jerarquía que estaría compuesta de un Superior General y cuatro Consejeros.
La Orden Libanesa Maronita tendría siempre como ideal la vida contemplativa propia de los ermitaños; la vida activa sólo sería un escalón par alcanzar esta meta.
Los fundadores se dieron a la tarea de redactar las Constituciones propias del Instituto, que fueron aprobadas por el Patriarca Duwaihi, el 18 de junio de 1700. Con ello la Jerarquía Maronita de Líbano, daba reconocimiento oficial a la Orden, siendo confirmada la aprobación, el 23 de noviembre de 1725 , por el Patriarca Jack Awad.
La nueva Orden se extendió por todo Líbano y muchos conventos tomaron sus Constituciones.
Varios miembros de la Orden se dirigieron a Roma, mediante una carta fechada el 15 de septiembre de 1726, para solicitar la aprobación de sus Reglas y Constituciones, al entonces Pontífice Benedicto XIII. En Roma, apoyó de manera decisiva, Mons. José Simón AlSemaani, y en mayo de 1727, el Superior General de la Orden, el P. Alejandro Eskandar, viajó a la Ciudad Eterna para obtener la aprobación del Papa sin demora. El 31 de marzo de 1732, el Papa Clemente XII, dio la aprobación definitiva, y la Orden Libanesa Maronita, se convirtió en Instituto de Derecho Pontificio (había sido de Derecho Patriarcal).
Gran éxito alcanzó la Orden en poco tiempo, para el año de 1739, contaba con doce Monasterios y doscientos diez monjes; incluso había una casa en Chipre.
Para el año 1770, la Orden Libanesa Maronita se dividió en dos: la Orden Alepina Maronita y la Orden Libanesa Maronita.
La vida de esta Orden, como se puede apreciar, ha sido de lucha continua y de notable labor pastoral, además ha dado grandes Santos a la Iglesia como: San Charbel Makhlouf, orgullo de la Orden cuya santidad y milagros son famosos en el mundo y especialmente entre los maronitas, Beata Rafqa Rayes ejemplo de santidad en el sufrimiento y el Beato Padre Nemetallah Alhardini. La O.L.M. a lo largo de su historia a contado con innumerables ermitaños, hombres santos que han dedicado su vida a la oración y a la contemplación.
Habiendo revisado, en apretada síntesis, la historia de la Orden Libanesa Maronita, se hace necesario conocer su estructura actual en base al último informe presentado por su Superior General, el Abad Juan Tabet, quien presenta los datos estadísticos y funcionales que permitirán una apreciación en conjunto de la vitalidad de este Instituto Religioso, máximo exponente del catolicismo del Medio Oriente, así como su extensión y capacidad en varios países donde han fundado misiones para atender el bien espiritual de los maronitas, la preservación del culto Sirio-Antioqueño, y la conservación de las tradiciones culturales y nacionales de Líbano.
Actualmente, la Orden Libanesa Maronita cuenta, en el aspecto humano, con 85 aspirantes a la vida religiosa en el Escolasticado, 42 Novicios, y 50 Seminaristas que cursan los estudios de Filosofía y Teología como preparación al Sacerdocio, sin olvidar de tres ermitaños, los únicos en el mundo: El R.P. Antonio Chaina en la ermita del convento de Kuzhaya, el R. P. Dr. Jean Khawand el la ermita del convento de Tamish y el R.P. Dario, en la ermita del valle Santo de Kozhaya.
Hoy, la Orden se encuentra integrada, por 275 Sacerdotes repartidos en 59 Centros Pastorales y conventos en Líbano, y en 12 Misiones alrededor del mundo.
Aún cuando el ideal de este Instituto Religioso, es, principalmente, la vida eremítica, existen desde su origen otros carismas como son el de la educación y el cuidado de enfermos. La Orden tiene a su cargo 13 escuelas en Líbano que incluyen las etapas de Primaria, Secundaria, y Preparatoria, además de la Universidad del Espíritu Santo, en Kaslik, donde se imparten carreras en las áreas de Teología, Filosofía, Administración, Arquitectura, Musicología, Arte y Ciencias Humanas, otorgando los grados Académicos de Licenciatura, Maestría, y Doctorado.
Fuera del Líbano, la Orden Libanesa Maronita, atiende también tres escuelas en: Abidjan (Costa de Marfil, África), Dakar (Senegal, África), y Sidney (Australia).
El cuidado de enfermos incluye dos hospitales en Líbano: el de Beit Chebab, para mutilados de guerra, y el de Nuestra Señora del Socorro en Biblos.
Como se puede apreciar, por el análisis de estos datos, se trata de una comunidad dinámica, espiritual y socialmente hablando; ya que se dedica con gran éxito a la formación de religiosos y sacerdotes comprometidos, como también a la educación de niños y jóvenes que sirven a la sociedad en los distintas ramas de la actividad profesional.
En cuanto al cuidado y atención a los enfermos, se trata de una Obra de caridad en la cual sus miembros sirven directamente a Cristo.
Su labor en el mundo ha sido, más que nada, en el sentido de la conservación del rito propio del Medio Oriente y del cuidado pastoral en la unidad propia de la gran nación maronita.
En México es conocida su entrega a la comunidad no sólo maronita, sino de Rito Latino desde 1960 cuando llegaron los fundadores de la Misión Libanesa presidida por el R. Abad Antonio Abi Younes, y los Reverendos Padres José Boustany, y Antonio Abi Sleiman.